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“En los próximos años, la industria del vino buscará hacer portfolios premium”

Mediodía de sol en Mendoza, ese fue el marco para charlar con Daniel Pi, uno de los referentes de la vitivinicultura Argentina. Fue considerado “Mejor Enólogo Argentino del 2017” por el Master of Wine Tim Atkin. Además fue Director de Enología del Grupo Peñaflor durante 30 años y actualmente es el Chief Winemaker de Bemberg Estate Wines.

Nacido y criado en Mendoza, su contacto con el vino empezó ya en el colegio secundario. Cuenta que estudió enología de casualidad, “no voy a decir que hubo un mandato divino o una cuestión familiar que me haya obligado a seguir de alguna manera. Sino que fue porque el colegio que estaba cerca de casa, el Liceo Agrícola, tenía una orientación a la Agronomía y a la Enología. Era como un paso más en la vida de alguien de 12 o 13 años y a partir de ahí que empecé a tener contacto con la tierra, con la agricultura y la enología. Me empezó a gustar el tema a tal nivel, que cuando terminé la secundaria, comencé directamente a estudiar en la facultad, previo paso fugaz por la Arquitectura, pero me di cuenta que no era lo mío, me sigue gustando, aunque más me gusta el diseño, si me pongo a pensar. Termine la carrera a los 22 años en la Facultad Tecnológica de Enología de la Universidad de Don Bosco, porque en ese momento era la única que había. Éramos 12 o 13 solos estudiando enología en el año 1982. En ese momento la industria había pasado por la crisis de 1980 que fue una de las más importantes en nuestra historia, en donde se había destruido el valor del vino y de la industria en general. Fue uno de los grandes hitos de los que nos llevó mucho tiempo recuperarnos”.

-¿Cómo fue que comenzaste a trabajar en Peñaflor?

-Luego de un viaje a Estados Unidos salió una posibilidad de ir a trabajar a Peñaflor que era de la familia Pulenta, porque había dado unas charlas en el Congreso Latinoamericano de Vitivinicultura. En esa época Peñaflor era dueña de la marca Trapiche que la tenía desde 1970 y el enólogo a cargo era Ángel Mendoza.  En esa época hacíamos una serie de vinos básicamente orientados al mercado Norteamericano y mucho vino de consumo masivo como el Termidor o en Tetrabrik.

Cuando Peñaflor compró a Trapiche le empiezan a dar un impulso hacía la exportación. Cuando entré a trabajar me mandaron a San Juan, de donde era originaria la Bodega, allá por el 92. Desarrollando una técnica que tenía acá, que era hiperoxigenación, que la habíamos hecho en la facultad. Para esto desarrollamos maquinarias para poder hacerlo a escala industrial y la verdad que fue una experiencia muy importante para mí. Pasar de hacer 1,5 millones de litros por año, a hacerlo por día, fue un desafío bastante complicado, pero lo encaramos, ayudado a la idea de los Pulenta que era hacer cada día un vino mejor. Ahí empecé a tener más injerencia en la parte de viticultura en donde empezamos a importar plantas. En el 93 viajé a Francia e Italia para buscar variedades que se adaptaran mejor al clima de San Juan y plantamos todos los viñedos que después dieron origen a Finca Las Moras. Trajimos Syrah y Viognier, porque en ese momento el Malbec no era la variedad más importante. Eso pasó recién a partir del 2000. Pero en los 90, era Cabernet Sauvignon y Chardonnay básicamente. Plantamos eso, y comenzamos a desarrollar todo lo que es una viticultura cualitativa para San Juan y la verdad que tuvimos bastante éxito. 

-¿Entonces en esa época ya se estudiaban las zonas en cuanto al suelo, clima y adaptación de los varietales?

-Al principio era más utilizar las zonas que históricamente tenía San Juan como productora que era mucho del Valle de Tulum. Después algo se desarrolló en el Valle de Ullum y a partir del 1994 se empezó a explotar el Valle de Pedernal. Las primeras vinificaciones de allí fueron en el 98 o 99, y fue justamente en el 99 cuando empezamos con Finca Las Moras. Ahí exportábamos mucho volumen desde San Juan hacía Inglaterra porque los vinos estaban gustando mucho. Simultáneamente, la empresa empezó a tomar impulso respecto a la elaboración de vinos finos. Entonces compramos en Cafayate, Salta, la bodega Michel Torino, la que hoy es El Esteco. Y me hice cargo a partir de ese momento.

-¿Y hoy qué significa ser el Chief Winemaker de Bemberg Estate Wines?

-¡Una felicidad enorme como técnico y profesional!. Distintas parcelas, distintos terruños, orientaciones de hileras, diferentes variedades y suelos, un equipo de gente espectacular y una bodega hecha a la medida de todo esto.

Y ahora háblame de sus vinos…

-Desarrollamos una línea de vinos que representan el espíritu de la familia Bemberg. Son vinos pensados para la guarda básicamente. La familia hace un comité previo donde debemos degustarlos entre todos, antes de lanzarlos al mercado, y dar el visto bueno. La verdad es que es un desafío importante desde el punto de vista técnico. La idea es hacer vinos distinguidos y reconocidos a nivel internacional como es la familia. La vara está alta, hay que tratar de lograr la perfección y estamos recorriendo ese camino.

-Pero además seguís teniendo tu proyecto familiar, Tres 14, contame ¿cómo nació?

-Esos vinos nacieron hace más de diez años, cuando mis hijos tenían 18 años. Fue para empezar a jugar con el mundo del vino dentro de la familia. Vinos de garaje como se llaman, para que los vendieran y tuvieran sus primeros “mangos”. Las uvas de los primeros eran de un productor de Lulunta y después lo empecé a hacer con uvas de mi cuñado en Vistaflores y de Ambrosía en Gualtallary (el Imperfecto). Entonces comenzó como un juego y después tuve la suerte de que en algún momento el sommelier Andrés Rosberg, que le vendía un poco de vino para el hotel Fierro en donde trabajaba en aquel entonces, un día recibió a Neal Martin que estuvo antes de Luis Gutiérrez como crítico en la publicación Wine Advocate y le hizo probar los vinos. Luego el tipo escribió una muy buena crítica del vino, y yo no sabía que lo había probado. Cuando salió el reporte estuvo muy buen puntuado y tras algunas charlas con el grupo, me ayudaron con la logística para la exportación porque me empezaron a llegar pedidos y yo no tenía como exportar por mi cuenta en esa época, entonces lo hacía a través de Peñaflor. Por otra parte, hace poco sacamos algunos vinos nuevos como el Irracional que es un malbec del Valle de Calingasta. Mi hija me sigue ayudando con el proyecto así que la verdad es que estoy contento, porque me parece que me voy a retirar allí.

-Y para terminar, ¿Para donde pensás que va el vino argentino a nivel mundial?

-Hay una cuestión que es que toda la industria del vino está yendo, y nosotros no somos ajenos, que es la de hacer premium a los portafolios en general. Estoy hablando de que toda la industria va a llegar a ese lugar. A la parte de los entry level de consumo masivo, creo que lo va a terminar cooptando la cerveza. Van a seguir existiendo, pero creo que la industria va a tender hacía los vinos más premium. Y dentro de eso que se va a producir en años, también va a estar el vino asociado a la gastronomía de calidad. También lo que vamos a ir viendo es que va a haber un sentido del lugar muy fuerte. Cada vez vamos a estar viendo expresiones propias del terruño dentro de ese panorama, en que se va a elevar la calidad de los vinos que vamos a consumir.