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Matías Macías: “Siento que es un buen momento para emprender nuevos desafíos y hacer la experiencia de trabajar en un proyecto de mayor volumen”

Gran conocedor del terroir de Gualtallary. Desarrolló y posicionó los vinos de Finca Ambrosia como símbolo de alta calidad, durante los últimos años. Es uno de los mejores hacedores de Cabernet Sauvignon de Argentina. Flamante enólogo de Falasco Wines.

Nacido en Godoy Cruz, Mendoza, fue el primero de su familia que se dedicó al mundo del vino. Sus primeros contactos con la industria fueron en el colegio secundario. El Liceo Agrícola lo marcó y forjó su pasión por la vitivinicultura. “Mi colegio estaba orientado a la enología. Mi idea era estudiar enología o agronomía, porque me gustaba todo lo respecto al campo y la tierra. Pero tenía pasión por los procesos, por eso terminé eligiendo la enología”, recuerda Matías Macías, winemaker de Falasco Wines. 

¿Tu primera vendimia fue en el colegio secundario?

Si, la hice en la bodega Escorihuela en el último año (era obligatorio tener una pasantía). Además, mis viejos vivían a cinco cuadras de la bodega en Godoy Cruz. Me quedaba buenísimo.

¿Y en que otras bodegas estuviste?

En el segundo año de la carrera empecé en Bodega Andeluna con Silvio Alberto (quien actualmente aparte de ser colega, ahora es un amigo). Desde ahí no paré. Fui haciendo la carrera mientras trabajaba. Por ese lado afirmaba el conocimiento que iba adquiriendo en la facultad. Y por otro me fue enriqueciendo muchísimo trabajar y aplicar automáticamente lo que estudiaba. Después estuve en Los Maitenes y en Renacer, entre otras. Por suerte trabajé y trabajo con gente de muchísima experiencia. Y se van absorviendo todos esos conocimientos.

¿Hiciste alguna experiencia en el exterior?

No, afuera no. He viajado, pero no a trabajar. Siempre ha sido n plan turismo y probar vinos. En cierta forma entendí que las tecnologías que se veían acá, sobre todo de los últimos 15 años, son las mismas que en otras partes del mundo. Las maquinarias y técnicas, varían algunas por una cuestión climática, o de cosas que hace alguno muy específicas. Pero la elaboración es bastante similar y la tecnología biológica también. La misma que se usa acá, se utiliza en California o en Francia. Tengo esa visión. Eso no quiere decir que no esté abierto a trabajar en otro lado, pero siempre tuve trabajo. Nunca tuve la necesidad de hacer experiencias afuera, porque las he tenido acá y de gran manera.  

¿Y de lo que probaste de afuera, que región te gusta?

Estuve un tiempo largo en Italia (porque a mi mujer le tocó trabajar en Eslovenia).  Fuimos de vacaciones bastante a Italia así que aproveché a probar todo lo que podía y fue súper enriquecedor. Me gusta mucho el estilo. Además venía haciendo algunos vinos de cepa italiana acá.

Con un perfil muy bajo, al igual que su tono al hablar, comenzó a hacerse conocido a través de los vinos que hizo en Finca Ambrosia. ¿Cómo fue esa experiencia?

El proyecto ya tenía un par de años recorridos vendiendo uvas de Gualtallary y en un momento empezaron a hacer vinos para los propietarios. Esos vinos terminaron siendo una marca comercial. Esas etiquetas fueron creciendo. Ingresé como enólogo en el 2018. La idea era no perder la esencia de vinos más clásicos de un lugar, adaptándose rápido a las tendencias o a las necesidades del mercado. En definitiva, lo que nosotros hacíamos era vino para venderlo. Así seguimos creciendo y consolidando los vinos hasta lo que son hoy en día.

Algunos de los vinos que hiciste, obtuvieron buenos puntajes de la crítica internacional, ¿Qué opinión tenés sobre los puntajes, la crítica y su influencia en el consumidor?

No tengo la experiencia, aunque sé que existe, de que un consumidor, en una vinocharla, diga que quiero probar el de los noventa y tantos puntos. Me parece que está bueno medirse. Sobre todo, porque te da una referencia de lo que estás haciendo. Los críticos conocen tu trabajo y porque prueban tus vinos todos los años. Está bueno tener esa experiencia. Personalmente creo que el examen final siempre es el consumidor. Es el que te levanta o baja el pulgar. Hay muchos casos de vinos que no han sido exitosos con los críticos, pero si lo han sido en el mercado.

Además de Gualtallary, ¿De qué otra región de Argentina te gustan los vinos?

Cafayate es interesantísimo. Obviamente que es un clásico, soy un perfil bastante clásico. También me ha interesado muchísimo lo de la costa, me parece que están haciendo cosas fantásticas. Esto entendiendo que no todo es Malbec y que hay otras variedades que andan muy bien. Pero Cafayate siempre fue un lugar del cual me ha gustado el estilo de sus vinos y especialmente como han ido modificándose con el tiempo.

Sos el flamante winemaker de Falasco Wines, ¿Cómo surgió la idea de cambiar de bodega y en qué momento profesional te agarra?

Me invitaron a sumarme al equipo de Falasco, con quien tengo una amistad de hace años. Sentí que era un buen momento para hacer la experiencia de trabajar en un proyecto de mayor volumen y tener nuevos desafíos.

¿Cuál es el concepto de los vinos que querés hacer?

Pienso que ellos quieren continuar con el desarrollo de la alta gama y confían en que se pueda crecer orgánicamente. Yo seguiré fiel a mi forma de ver el diseño de los vinos y creo poder adaptarme rápido al cambio.

¿Estuviste muchos años en Finca Ambrosia y posicionaste sus vinos en lo que son ahora, te gustaría hacer lo mismo con Familia Falasco?

Por supuesto, tengo un gran cariño por todo Ambrosia. Claro que me gustaría poder hacer lo mismo con Falasco Wines.