Con motivo de la Asamblea general de la ONU, que este año celebró su 80º aniversario, el pasado 25 de Septiembre se realizó la 4a reunión de alto nivel de dicho organismo sobre prevención y control de estas enfermedades, así como la promoción de la salud mental y el bienestar. El gran objetivo que persiguen es prevenir y controlar las enfermedades no transmisibles, pero deberían lograrlo sin renegar de nuestras culturas y sin borrar lo que da vida a nuestras civilizaciones como, por ejemplo, el vino.
Que se halla en el centro de esta cuestión.
Es por ello que La Academia Internacional del Vino le hizo un llamamiento a los Jefes de Estado y Gobierno que se reunieron recientemente en Nueva York. Fue a través de una carta abierta, firmada pon cientos de personalidades relevantes del mundo del vino; Juancho Asenjo – Escritor (España), Hans Astrom – Klein Constantia Estate (Suecia), Franky Baert – Coleccionista (Bélgica), Jesus Barquin – Equipos Navazos (España), Alexander van Beek – Château Giscours (Países Bajos), Joshua Bergström – Bergstrom Wines (Estados Unidos), Michel Bettane – Periodista (Francia), Etienne Bizot – Bollinger (Francia), Claude Bourguignon – LAMS (Francia), Philippe Bourguignon – Escritor (Francia), Willi Bründlmayer – Weingut Brundlmayer (Austria), Christopher Cannan – Clos Figueras (Estados Unidos), Jean-Philippe Delmas – Château Haut Brion (Francia), Paul Draper – Ridge Vineyards (Estados Unidos), Thomas Duroux – Château Palmer (Francia), Kurt Feiler – Weingut Feiler- Artinger (Austria), Mariano Fernandez Ammunategui – Productor (Chile), Pierre-Henry Gagey – Louis Jadot (Francia), Angelo Gaja – Vino Gaja (Italia), Gaston Hochar – Château Musar (Líbano), Jean Baptiste Lecaillon – Louis Roederer (Francia), Jeannie Cho Lee MW – Periodista (Corea), Maria José Lopez de Heredia – Bodega López de Heredia (España), Jorge Lucki – Periodista (Brasil), Philippe de Lur Saluces – Château de Fargues (Francia), Fiona Morrison MW – Periodista (Reino Unido), Roberto de la Mota – Revancha & Mendel Wines (Argentina), Alvaro Palacios – Alvaro Palacios (España), Filipa Pato – Filipa Pato & William Wouters (Portugal), Josep Roca i Fontané – Celler de Can Roca (España), Michael Silacci – Opus One (Estados Unidos), Peter Sisseck – Dominio de Pingus (Dinamarca), Serena Sutcliffe MW – Sotheby’s (Reino Unido) y Maurizio Zanella – Ca’ del Bosco (Italia), entre otros que se siguen sumando o se quieren sumar, como quien suscribe.
Estoy igual de sorprendido, como la gran mayoría en el mundo del vino como con demasiada frecuencia la controversia del vino se le reduce a una simple molécula de alcohol y o se le acusa de ser una droga, y rara vez se valora lo que representa en la cultura universal. Desde veinte países distintos, los miembros de la Academia Internacional del Vino alertaron del peligro de reducir el vino a un mero riesgo sanitario, olvidando su dimensión cultural, social y humana.
Cabe destacar que esta desnormalización no es normal, por un lado, porque sacrifica algo de la integridad, en este caso del vino. Y por el otro, porque justamente es un proceso que contrasta con la normalización.
Dice la carta de La Academia Internacional del Vino que “desnormalizar el Vino es aniquilar su Legado, Patrimonio de la Humanidad”. Y agrega, “el vino encarna ocho milenios de historia, de convivencia, alegría y de compartir; el vínculo con la tierra y con los paisajes; un lenguaje universal que une a los pueblos: Georgia con Grecia, Oregón con Toscana, Francia con Nueva Zelanda. Singular y universal, expresa paciencia frente al tiempo, humildad frente a la tierra y deseo de celebrar juntos. Ofrecer vino es invitar a la paz, la amistad y la fraternidad. Consumido con moderación, defiende la cultura del gusto, la mesura y el lazo que une continentes, pueblos y generaciones. Preferimos la degustación al abuso y concebimos la salud también como bienestar social, mental y familiar, inseparable de la alegría de vivir”.
Poco que agregar a esto, ya que desde 1999 difundo el vino y su cultura, tratando de contagiar mi pasión por el vino a los demás, esperando que logren sentir lo que yo siento cuando degusto un buen vino argentino. Que no son aromas o sabores frutados y especiados, que no son texturas o frescuras. Es algo mucho más importante; orgullo.
También reza el comunicado que “desnormalizar el vino es negar sus beneficios y cerrar el debate científico”. Estoy totalmente de acuerdo y, como comunicador, no dejo de entender la responsabilidad de comunicar conscientemente. Por lo tanto, hablar del vino y la cultura que lo rodea no es hacer apología de su consumo, sino colaborar para ponerlo culturalmente donde se merece. Y al que no le gusta, en lugar de faltarle el respeto, debería pensar en todos los que están a su alrededor que sí lo disfrutan, sean familiares o amigos. Y si eso no les alcanza, que piensen en los miles de años que tiene el vino, cómo acompañó a la humanidad en su evolución. ¿O, acaso en toda celebración no hay un brindis? Pero no solo se trata de palabras o hechos sociales, también hay datos científicos que lo avalan. “Un informe de la NASEM (Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE. UU.) concluye que «en comparación con la abstinencia total, el consumo moderado se asocia a una menor mortalidad por todas las causas». No adoptamos una posición científica, pero, como numerosos expertos, lamentamos la falta de un ensayo aleatorio a gran escala que permita juicios sólidos, y no solo datos observacionales insuficientes”, agrega el comunicado.
Otro aspecto saliente y fundamental del escrito es el que asegura que “desnormalizar el vino es optar por la prohibición en lugar de la educación y la libertad”. Bravo. No más palabras que agregar para mí. No obstante, los firmantes aclaran, “no ignoramos los peligros del exceso ni la necesidad de proteger a los vulnerables y combatir abusos. Asumimos esa responsabilidad sin ambigüedad: solo mediante la educación se aprende a degustar, comparar y apreciar el vino con moderación, convirtiendo al consumidor en embajador de la mesura. La pedagogía preserva la libertad individual sin abusos, promueve responsabilidad y autocontrol. El vino expresa así su verdad en la transmisión de saberes y gestos, y en el aprendizaje de la medida.”
Y cierran con un reclamo final y una sabia conclusión; “preservar el vino es defender una civilización, un arte de vivir, un patrimonio universal vivo y, en definitiva, proteger a una humanidad que lo ha construido y transmitido durante milenios.”
Fundada en 1971, la Academia Internacional del Vino es un espacio de reflexión colegiado y responsable, que reúne a un centenar de miembros de unas veinte nacionalidades diferentes. Y tengo la suerte de conocer a muchos de ellos y de saber quiénes son los otros. Es un orgullo saber que hay gente que se preocupa por los demás, con respeto y dedicación. Porque lo normal no es desnormalizar, lo normal es disfrutar y compartir el vino.