Treschanski eligió armar su universo gastronómico como quien compone una obra: con escritura, ilustración, mirada visual y un sentido del arte que se ve en todo momento. Después de formarse y trabajar en distintas cocinas del mundo, volvió muy joven a la Argentina. Vendió lo que tenía, se asoció con amigos y, con determinación y un impulso casi visceral, levantó uno de los proyectos más observados de la escena porteña. Aquí, la búsqueda parece no detenerse.

Buenos Aires tiene esa rareza: la capacidad de que, al abrir una puerta, aparezca un mundo inesperado. Entrar a Trescha es exactamente eso. Una puerta de hierro conduce a un espacio que funciona como antesala, con una barra visible y una terraza vidriada. Allí comienza el movimiento silencioso del equipo: idas y venidas y concentración absoluta.
Ese primer contacto prepara a los comensales para una cena que se vive como una secuencia afinada alrededor de una cocina abierta, donde un grupo numeroso de cocineros trabaja a centímetros de diez o doce personas que observan cada gesto. Lo primero que se ve es la cadencia que persiste de principio a fin.
El menú de catorce etapas nace en la test kitchen del primer piso, un laboratorio con máquinas de precisión. Ahí las ideas pasan por un proceso de prueba y depuración antes de llegar al plato. Productos locales conviven con técnicas que viajan por geografías lejanas y cercanas. Hay pasos que funcionan como pequeñas escenas narrativas, y otros donde la textura o el sabor mandan más que el despliegue visual.

El servicio acompaña con una atención suave, que no irrumpe. Los pasos llegan con la explicación justa y un tarjetón ilustrado que guía la narrativa. Las cavas —una centrada en etiquetas argentinas y otra con referencias internacionales— profundizan el recorrido. Para quienes no toman alcohol, las bebidas fermentadas y jugos especialmente elaborados ofrecen un contrapunto tan preciso como el resto de la propuesta.
El cierre sucede en la barra: se vuelve al principio. Allí aparece el tarjetón final —“Lo que el paladar no olvida. Una despedida con gusto.”— junto a un café de origen y cuatro petit fours que funcionan como epílogo.
Actualmente Tomás Treschanski tiene dos cuchillos en la categoría World Class del listado The Best Chef Awards, una estrella Michelin en las dos ediciones argentinas de la guía, además del premio Michelin Young Chef Award, y Trescha está en el puesto número 36 de la lista de Latin America’s 50 Best.
PARA SABER…
Dirección: Murillo 725, Villa Crespo – CABA
Reservas: www.trescharestaurant.com
IG: @trescharestaurant